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El historiador Rafael Valdez retrata el periodo de La Conquista en Sinaloa desde diversos enfoques
Vie, 21 Sep 2012 - 01:48 PM
En su libro "Diego Martínez de Hurdaide, La conquista de Sinaloa 1595-1926", plasma la trayectoria de
Por Redacción Web/El Diario
Culliacán, Sinaloa.- El capitán Diego Martínez de Hurdaide fue un hombre fuera de serie: ostentó los cargos de capitán del presidio, gobernador y alcalde mayor de la provincia de Sinaloa —que llegaba hasta el rio Yaqui, en Sonora—, de acuerdo al historiador Rafael Valdez Aguilar, que plasma la trayectoria de este personaje en su libro Diego Martínez de Hurdaide,  La conquista de Sinaloa 1595-1926. 

Durante la presentación de esta obra, Carlos Maciel Sánchez consideró a la misma como un ensayo estructurado, lógico, interesante a pesar de la aparente lejanía que nos separa del personaje central y de la temática referida 

En su visión de artista plástico, poeta y también historiador, el Director General de Extensión de la Cultura de la UAS anotó que la obra del doctor Valdez Aguilar es un discurso narrativo bastante bueno, en un transito libre de ida y vuelta, entre un lenguaje académico y otro lirico, abierto, despreocupado que incorpora de manera natural los giros lingüísticos del periodo referido.

En la presentación del libro, que se llevó a cabo en la Torre Académica Culiacán, detalló que el texto de la obra se estructura partiendo de dos grandes ideas: la ambientación socioeconómica y política de un largo lapso de tiempo de más de un siglo de historia, y la narración biográfica de Diego Martínez de Hurdaide. “Es decir, en este largo periodo que va desde la conquista de México hasta la consolidación del periodo colonial en Sinaloa.

“Rafael Valdez inserta en el ámbito de conquista y colonización a su personaje, convirtiéndolo de manera natural en un artífice de primer nivel en el arduo proceso de conquista y catequización de la población nativa de un extenso territorio de lo que ahora se conoce como Zacatecas, Durango, Coahuila, Sonora y Sinaloa”, apuntó Carlos Maciel Sánchez.

Maciel Sánchez, quien fungió como comentarista, dijo que Diego Martínez de Hurdaide cumple un doble propósito: por un lado es la vida de un personaje un poco conocido del pasado de la entidad, y por otro es el pretexto que el doctor Valdez Aguilar utiliza para analizar más de un siglo del pasado colonial sinaloense, en lo económico, político, social y cultural.

“Como si de La Última Cena se tratara, Diego Martínez de Hurdaide. La conquista de Sinaloa 1595- 1926, de Rafael Valdez Aguilar, se estructura en doce capítulos, en los que explica y narra cómo vivían, qué hacían, y qué comían los distintos grupos que poblaron el territorio que va desde más al sur de las marismas de Chametla, con sabor a los perniles de humano en adobo de Acaxees, Xiximes, hasta mas allá de las planicies con soledad a desierto de las tribus yaquis”, esbozó el funcionario universitario.

El especialista en textos históricos y editor de publicaciones como Antología Mexicas y Relatos e historias de México, Jaime Bali, también comentarista, manifestó que llama la atención en el texto el retrato hablado de los grupos indígenas.

“Se abre para el lector en la obra un escenario en el que se pueden ver estos grupos de carne y hueso, mostrándonos sus modos de vida y existencia, religión, sus rituales y vida cotidiana”, expuso.

Destacó la objetividad del historiador, pese a que hay quien sostiene que eso es imposible, para seguir la hebra fina de los hechos, entretejiendo las citas y los testimonios con sus propias conclusiones.

“Debo decir, por mis afanes de divulgador, que después de leer el libro de Rafael Valdez se antoja construir un mapa a todo color para plasmar sobre la amplia geografía que él describe, los territorios que ocupaban los grupos de la gran nación india, sus fuentes naturales de abastecimiento, sus rutas y refugios montañosos”, anotó.

Añadió Jaime Bali que el autor no se detiene en consideraciones éticas y morales, “son las reglas implacables que perduran hasta nuestros días, en una guerra justa o injusta tarde o temprano hay un vencedor. No se pueden dejar de lado los testimonios de cronistas que, en su inmensa mayoría, hablan de la crueldad de los indios, de sus prácticas paganas, de sus trofeos de guerra y de los estragos sufridos por los españoles.

Frente a especialistas, el autor de Diego Martínez de Hurdaide. La conquista de Sinaloa 1595- 1926, el autor mencionó que su publicación, que habla de la conquista de la antigua provincia de Sinaloa en el territorio que comprende entre el Río Mocorito y el Rio Yaqui, es algo que pocos historiadores han abordado.

Valdez Aguilar indicó que la obra le llevó poco más de cinco años de investigación y que espera que todos los interesados en la historia de la región y de México en sí lo puedan aprovechar.

Acerca el contenido de la publicación, el también médico neumólogo y fundador de lo que hoy es el Centro de Investigación y Docencia en Ciencias de la Salud (CIDOCS), en el Hospital Civil de Culiacán, refirió que Nuño Beltrán de Guzmán, en su expedición llegó del sur hasta Culiacán porque los indios no le permitieron pasar más allá.

“Francisco de Ibarra llegó hasta Nuevo México y pasaron muchos años para que pudiera establecer la primera villa de españoles en el territorio y esa villa fue San Felipe y Santiago que hoy es Sinaloa de Leyva, pero eso ocurrió en 1590, lo que quiere decir que la conquista de Sinaloa y de Mocorito hacia arriba tardo más de 80 años”, relató.

Todo el norte de México fue muy difícil de conquistar, fue un proceso muy largo porque los indios eran muy bravos y no soportaban que los invadieran; de hecho aquí en Sinaloa varias etnias se acabaron peleando, como los Tehuecos y los Suaques, los mismo Sinaloas le dieron mucha guerra a los españoles.

El libro Diego Martínez de Hurdaide. La conquista de Sinaloa 1595-1926 es muy importe porque en la conquista de Sinaloa, además de la parte militar, que la hizo Hurdaide, se sumó la labor evangelizadora de las misiones jesuitas, quienes también introdujeron nuevo cultivos y nuevas tecnologías, entre ellos el trigo, los cítricos, la caña de azúcar, y los sistemas de riego; así mismo, el desarrollo de la minería que se debe también a los colonos.

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